Ernesto Simón

Escritos hallados en la región más íntima de mi anatomía.
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25.01.07

TERRA_PERMA_LINK 07:02:31. TERRA_POSTED_BY Ernesto_Simon

Desgracia

De chico, a los trece, ya lo perseguía la desgracia. A los quince lo alcanzó. La veía en todas partes. Lo asfixiaba. Hubo días en que verdaderamente le arruinaba todo. Como si un solo momento de calamidad dañara su vida para siempre, para lo que restaba.
Empezó a verla como a un ser vivo. Como a un monstruo de cinco cabezas que lo perseguía encarnizado. La desgracia es un polizón, un sabueso que se ha enviciado con mi olor y no me deja ni a sol ni a sombra, solía pensar. Era así. Lo tenía agarrado. Le mordía los talones. Lo amarraba del pantalón y lo tiraba al piso. Como si quedara algo más para hacerlo descender, ya en el suelo, buscaba hundirlo para sepultarlo en el inframundo.
Un día que amaneció acostado en un banco de la plaza, se dio cuenta que era un hombre libre. Tenía cincuenta y cinco años. La desgracia, aburrida de humillarlo, se había ido cansada de tener un contrincante tan infeliz que ni siquiera le presentaba batalla.

Ernesto Simón, San Juan, Argentina.

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11.08.06

TERRA_PERMA_LINK 14:41:14. TERRA_POSTED_BY Ernesto_Simon

Solitaria muerte

Nadie vino a su entierro. Cuando murió, no hubo velatorio ni cajón de madera. Nadie lo lloró. Hacía tiempo que había bajado los brazos. Soledad. Silencio. Pocos se enteraron. A días de su muerte empezó a descomponerse. Sin saberlo, le estaba devolviendo a la tierra algo de todo lo que ella le había dado durante años. Enclavado en la llanura, el ombú empezaba a secarse.

Ernesto Simón, Argentina

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22.06.06

TERRA_PERMA_LINK 12:45:28. TERRA_POSTED_BY Ernesto_Simon

Jerry

Cansado de no ser reconocido, se pasa horas sentado al piano. Cuando piensa en Elvis, su ira aumenta, entonces los golpes en las teclas son brutales. Dos, tres, cuatro notas, disonancias y enfermizas melodías le son arrebatadas a ese pobre piano que sufre los embates de un muchachito furioso que quiere ser más famoso que Elvis Presley. Pero no. Ni en las discográficas lo reconocen. Las chicas en la calle no gritan cuando lo ven pasar. Ni siquiera ha grabado un sólo disco el infeliz. Cuando toca se aturde. Cada vez que piensa en la fama, por poco se muere. Asfixiado de angustia, empieza a darle al piano con una fuerza tal que parece que las teclas se van a saltar en cualquier momento. Jamás será Elvis. Entonces le sigue dando más fuerte. Una nota detrás de la otra, el sonido de la anterior se fusiona con la entrante, componiendo un rock inédito en la historia de la música.
El piano: sufriendo. Su frente: sudada. El joven, con cada uno de los violentos manotazos sobre el teclado, está empezando a inventarse a sí mismo. La leyenda se escribe sola. Pronto, aunque aún lo ignora, las canciones le darán nacimiento a Jerry Lee Lewis.

Ernesto Simón, Argentina.

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25.04.06

TERRA_PERMA_LINK 01:49:34. TERRA_POSTED_BY Ernesto_Simon

Amigos

Eddy en el aire. Caída libre. Acaba de tirarse desde el octavo piso de un edificio ubicado en el centro de la ciudad. La decisión se había demorado unos días. Pero hoy le puso fecha al final. Saltó.
En medio de la caída piensa: me hice de un número considerable de amigos. Amigos de verdad, ¿existen?
Y también piensa que el tiempo, la mala suerte, o quien sabe qué, hizo que uno a uno se alejaran, y la amistad se fuera diluyendo en el espacio. De tener tantos amigos pasé a retener recuerdos que ellos me dejaron. Así, la soledad fue más grande, inconmensurable. Yo que creí que teniendo tantos amigos nunca estaría solo, ahora veo multiplicada la soledad por cada uno de ellos. Casi llegando al suelo se convence de que no guarda rencor frente a esa sensación.
A dos metros de impactar contra el piso, Eddy sigue sosteniendo que de las cinco estaciones que tiene el año, la amistad es la estación más cálida. Y cree que los amigos no nos curan la pena, no, pero el sol de la amistad suele secar las lágrimas que a menudo ruedan sobre nuestras mejillas. Y se estrella.

Ernesto Simón, Argentina.

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18.02.06

TERRA_PERMA_LINK 05:57:18. TERRA_POSTED_BY Ernesto_Simon

Evolución

Sábado a la noche. Una multitud de jóvenes camina por Libertador a la altura de los bares. Son tres o cuatro cuadras en las que no cabe ni un solo pub más. El hombre de unos setenta años, de visita en la ciudad, decide caminar por la zona. Se pone los antejos oscuros y un gorro de lana. Así no van a reconocerme. Nadie va a reconocerme, piensa.
Se detiene cada tanto. Escucha. De cada pub sale una música furiosa, distinta, recordada. Entra a uno, Deep Blue resto bar. Ni bien abre la puerta, una ráfaga de rock lo recibe. Una banda formada por pibes de no más de dieciocho años está tocando Cada vez que respiras, y no queda espacio para otra cosa que no sea aquella vieja canción. El hombre escucha unos segundos. Se apresura a salir. Maldita civilización, piensa, hace más de cincuenta años que compuse esa canción y la humanidad no ha evolucionado nada. Luego, aligera el paso. Sting ha decidido volver al hotel.

Ernesto Simón, Argentina

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