
| L | M | M | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
| 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 |
| 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 |
| 27 | 28 |

Sábado a la noche. Una multitud de jóvenes camina por Libertador a la altura de los bares. Son tres o cuatro cuadras en las que no cabe ni un solo pub más. El hombre de unos setenta años, de visita en la ciudad, decide caminar por la zona. Se pone los antejos oscuros y un gorro de lana. Así no van a reconocerme. Nadie va a reconocerme, piensa.
Se detiene cada tanto. Escucha. De cada pub sale una música furiosa, distinta, recordada. Entra a uno, Deep Blue resto bar. Ni bien abre la puerta, una ráfaga de rock lo recibe. Una banda formada por pibes de no más de dieciocho años está tocando Cada vez que respiras, y no queda espacio para otra cosa que no sea aquella vieja canción. El hombre escucha unos segundos. Se apresura a salir. Maldita civilización, piensa, hace más de cincuenta años que compuse esa canción y la humanidad no ha evolucionado nada. Luego, aligera el paso. Sting ha decidido volver al hotel.
Ernesto Simón, Argentina