Nadie vino a su entierro. Cuando murió, no hubo velatorio ni cajón de madera. Nadie lo lloró. Hacía tiempo que había bajado los brazos. Soledad. Silencio. Pocos se enteraron. A días de su muerte empezó a descomponerse. Sin saberlo, le estaba devolviendo a la tierra algo de todo lo que ella le había dado durante años. Enclavado en la llanura, el ombú empezaba a secarse.
11.08.06
Solitaria muerte
Nadie vino a su entierro. Cuando murió, no hubo velatorio ni cajón de madera. Nadie lo lloró. Hacía tiempo que había bajado los brazos. Soledad. Silencio. Pocos se enteraron. A días de su muerte empezó a descomponerse. Sin saberlo, le estaba devolviendo a la tierra algo de todo lo que ella le había dado durante años. Enclavado en la llanura, el ombú empezaba a secarse.
Ernesto Simón, Argentina
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